Los fabricantes de automóviles europeos realizan pruebas de seguridad exhaustivas con cada nuevo modelo. Inicialmente se realizan en las instalaciones de ensayo del fabricante y luego continúan en el laboratorio Euro NCAP.
Si un nuevo modelo quiere obtener la máxima calificación, cinco estrellas, debe garantizar la máxima seguridad para los pasajeros que viajan en su interior, e incluso para aquellos a los que potencialmente podrían atropellar. En la Unión Europea se ha aprobado una directiva según la cual los fabricantes de automóviles están obligados a desarrollar frontales «más blandos» para los peatones. Algunos fabricantes, como Volvo, incluso han ideado un airbag para peatones.
En 1896 se registró un hecho insólito: una persona murió atropellada por un coche por primera vez. Tras este incidente, los fabricantes e ingenieros de automóviles empezaron a buscar formas de prevenir accidentes. Los airbags, los cinturones de seguridad y los parachoques redondeados aparecieron mucho más tarde. Por aquel entonces, los coches eran angulosos y se diseñaban sin pensar lo más mínimo en la posibilidad de que chocaran con un peatón que se cruzara inesperadamente en la calle.
En 1927 se produjo una pequeña revolución con la introducción del «Dispositivo de Seguridad para Peatones». Este dispositivo se presentó por primera vez al público en Berlín (Alemania). En realidad, no era tanto un dispositivo de seguridad como una enorme hamaca sujeta a la parte delantera del coche que podía «atrapar» a un peatón imprudente en cualquier momento.
El nuevo dispositivo tenía un defecto muy grave. La enorme estructura de la hamaca reducía el campo de visión del conductor. Además, el captador situado delante limitaba la maniobrabilidad del coche en espacios reducidos.
Un par de años después de la introducción del primer captador, dos británicos decidieron presentar su propia interpretación. A diferencia del primer captador, que siempre estaba desplegado, el invento británico permitía desplegar el captador sólo en una situación de emergencia. Lo único que tenía que hacer el conductor era accionar una palanca situada junto al volante y el peatón se salvaría.
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